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Lorena Pidal Psicóloga Irun

¿Cómo sé si tengo burnout o solo cansancio laboral?

El burnout o desgaste profesional va más allá del cansancio habitual: implica agotamiento emocional profundo, cinismo hacia el trabajo y una pérdida de eficacia. Según Lorena Pidal, psicóloga clínica en Irún, ocurre cuando el descanso habitual ya no recupera tu energía. Buscar apoyo profesional ayuda a identificar y tratar esta condición.

Últimamente parece que cualquier periodo de cansancio laboral se llama burnout.

«Estoy quemado».«No puedo más».«Necesito vacaciones».«El domingo ya estoy pensando en el lunes».

Pero estar cansado del trabajo, atravesar una época de mucho estrés y sufrir un verdadero desgaste profesional no son exactamente lo mismo.

Y distinguirlo importa.

Porque hay personas que necesitan descansar y reorganizar una etapa especialmente exigente. Pero hay otras que llevan meses intentando solucionarlo descansando un fin de semana, cogiendo unos días libres o prometiéndose que van a tomarse las cosas de otra manera y, sin embargo, cada vez se encuentran peor.

En consulta hay una frase que resulta especialmente reveladora:

«Antes podía con esto. Ahora todo me cuesta muchísimo.»

Ahí suelo detenerme.

No porque esa frase permita diagnosticar un burnout, sino porque habla de algo diferente al simple cansancio: la persona empieza a no reconocerse en su manera de trabajar.

No siempre empieza diciendo «odio mi trabajo»

De hecho, muchas veces ocurre justo lo contrario.

El desgaste puede aparecer en personas muy implicadas, responsables y acostumbradas a responder. Personas a las que les importa hacer bien su trabajo y que durante mucho tiempo han podido asumir mucho.

El problema es que esa capacidad para tirar hacia delante también puede hacer que las señales se detecten tarde.

Al principio quizá solo estás más cansado. Después empiezas a llevarte mentalmente el trabajo a casa. Te cuesta desconectar. Un correo a última hora te altera más de lo habitual. El domingo por la tarde aparece una inquietud que antes no estaba.

Y progresivamente pueden surgir cambios menos evidentes.

Te irritan compañeros o clientes con los que antes tenías paciencia. Te cuesta concentrarte. Cometes pequeños errores y eso te preocupa todavía más. Una tarea sencilla te parece enorme. Empiezas la mañana sintiendo que ya llegas tarde a todo.

Algunas personas incluso se sorprenden de su propia frialdad:

«Me da igual todo».

No necesariamente les da igual.

A veces están agotadas de que todo les importe demasiado desde hace demasiado tiempo.

Entonces, ¿qué diferencia el estrés del burnout?

El estrés laboral puede ser intenso y generar síntomas importantes. Hay épocas de sobrecarga, entregas, conflictos, cambios de puesto o situaciones profesionales especialmente difíciles que nos mantienen durante un tiempo con un nivel de activación muy elevado.

En el burnout encontramos algo más sostenido.

La Organización Mundial de la Salud incluye el burnout en la CIE-11 como un fenómeno relacionado específicamente con el contexto laboral, no como una enfermedad médica, y lo describe alrededor de tres dimensiones: agotamiento, mayor distancia mental o negatividad hacia el trabajo y sensación de menor eficacia profesional.

Esta última parte me parece especialmente importante porque a veces pasa desapercibida.

No es solamente:

«Estoy agotado».

También puede aparecer:

«Ya no trabajo como antes».

«No doy una».

«Cada vez sirvo menos para esto».

Y aquí se produce una mezcla complicada: cuanto más agotada está la persona, peor cree que está funcionando; y cuanto peor cree que funciona, más se exige para compensarlo.

Trabaja más. Revisa más. Se lleva tareas a casa. Piensa en lo pendiente mientras cena. Contesta mensajes cuando debería estar descansando.

Es decir, intenta solucionar el agotamiento utilizando precisamente el comportamiento que puede estar alimentándolo.

Una pregunta que suelo hacer en consulta

Cuando alguien me cuenta que está desbordado por el trabajo, no me interesa únicamente saber cuántas horas trabaja.

Me interesa mucho saber qué ocurre cuando deja de trabajar.

¿Consigue desconectar o continúa trabajando mentalmente?

Porque puedes haber cerrado el ordenador a las seis y seguir en la oficina hasta las once.

Repasas una conversación con tu responsable mientras preparas la cena. Piensas en lo que tienes pendiente mientras alguien te está hablando. Abres el correo «solo un momento». Te despiertas de madrugada recordando algo que tienes que hacer.

Incluso durante las vacaciones puedes tardar varios días en dejar de sentir que deberías estar haciendo algo.

Ese espacio que antes ocupaban el descanso, la familia, las amistades o simplemente no hacer nada empieza a ser colonizado por el trabajo.

Y entonces descansar físicamente no siempre es suficiente.

«Pero no puedo dejar el trabajo, tengo responsabilidades»

Por supuesto.

Hablar de burnout no puede convertirse en recomendar alegremente que alguien cambie de trabajo, coja una baja o aprenda a «poner límites» como si todas las personas tuvieran la misma capacidad para hacerlo.

Hay hipotecas, hijos, responsabilidades económicas, empresas propias, oposiciones, profesiones muy exigentes y contextos laborales objetivamente difíciles.

También existen organizaciones donde la carga de trabajo es excesiva, hay falta de personal, horarios poco razonables, presión constante o estilos de liderazgo que favorecen el desgaste.

Por eso conviene evitar otro error frecuente: convertir un problema laboral en un problema exclusivamente individual.

No todo se arregla respirando mejor, organizando la agenda o aprendiendo a decir que no.

A veces hay que trabajar sobre la manera en la que una persona se relaciona con sus responsabilidades.

Y otras veces hay que reconocer que el contexto también necesita cambiar.

Con frecuencia, ambas cosas están ocurriendo a la vez.

Cuando paras de trabajar, pero tu cabeza sigue trabajando

Este es otro perfil que veo con frecuencia.

La persona tiene una tarde libre, pero siente culpa. Se sienta en el sofá y piensa en todo lo que podría estar adelantando. Sale a cenar y consulta el móvil.

Termina una tarea y, en lugar de experimentar satisfacción, su cabeza localiza inmediatamente la siguiente.

No existe sensación de «ya está».

Siempre queda algo pendiente.

Aquí puede haber autoexigencia, perfeccionismo, dificultad para delegar, miedo a equivocarse, necesidad de demostrar constantemente la propia valía o una identidad demasiado vinculada al rendimiento.

Y esto merece explorarse porque, si el único momento en el que sentimos que valemos es cuando estamos siendo productivos, descansar puede empezar a vivirse casi como una amenaza.

¿Cómo saber si deberías pedir ayuda?

No existe una única señal.

Me preocuparía más la combinación y, sobre todo, la evolución en el tiempo.

Que el agotamiento no desaparezca después de descansar. Que levantarte para trabajar se haya convertido en un esfuerzo enorme. Que estés cada vez más irritable o desconectado. Que hayas perdido la sensación de eficacia. Que el trabajo invada prácticamente todo tu espacio mental. Que aparezcan problemas de sueño, ansiedad u otros síntomas emocionales. Que estés utilizando alcohol, comida, medicación u otras conductas para conseguir desconectar.

También prestaría atención a una señal mucho más sencilla:

que lleves tiempo pensando «no puedo seguir así» y, aun así, sigas exactamente igual.

En terapia, antes de intentar que una persona «gestione mejor el estrés», necesitamos entender qué está ocurriendo. Qué pertenece al contexto laboral, qué tiene que ver con su manera de exigirse, qué límites son posibles, cuáles no lo son y qué coste está teniendo mantener el funcionamiento actual.

Porque el objetivo no es convertirte en alguien capaz de soportar indefinidamente cualquier nivel de exigencia.

A veces la pregunta relevante ni siquiera es «¿tengo burnout?».

Puede ser otra:

«¿Cuánto tiempo llevo necesitando estar al límite para permitirme reconocer que esto me está haciendo daño?»

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración individual. El burnout se refiere específicamente al contexto ocupacional. Algunos de sus síntomas pueden coincidir con problemas de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño u otras dificultades, por lo que una valoración profesional puede ser necesaria para comprender qué está ocurriendo en cada caso.

¿Buscas un psicólogo en Irún o San Sebastián?

Escríbeme sin compromiso. Hablamos de tu situación y lo vemos juntos cómo puedo ayudarte.

Si estás buscando terapia para la depresión, puedo acompañarte.

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Lorena Pidal Psicóloga Irun

Lorena Pidal Roa

Psicóloga colegiada AO 12538 · 25+ años de experiencia

Expresidenta del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa y colaboradora habitual en Cadena SER.

Los contenidos de este blog son informativos y no sustituyen una valoración profesional: cada persona y cada proceso son distintos, y eso es justo lo que se mira en una primera consulta.