¿Por qué sigo enganchada a alguien que me hace sufrir?
¿Por qué sigo enganchada a alguien que me hace sufrir?
Soy Lorena Pidal, psicóloga en Irún y San Sebastián durante 15 años y ahora on line, quedarse en una relación dañina no es falta de fuerza de voluntad, sino un vínculo emocional que activa mecanismos de adicción. El cerebro busca alivio en quien te hace daño, creando un ciclo difícil de romper. Identificar estas señales es el primer paso para liberarte.
Hay una frase que escucho con mucha frecuencia en consulta:
"Sé que esta relación me hace daño, pero no consigo irme."
Quien la pronuncia suele hacerlo con una enorme sensación de culpa. Se siente incomprendida, incluso por sí misma. Sabe que esa persona le hace sufrir, que la relación está deteriorando su bienestar y que, probablemente, cualquier amiga le diría que terminara cuanto antes. Sin embargo, cuando intenta alejarse, acaba volviendo.
Y entonces aparece la pregunta que más dolor genera:
"¿Qué me pasa? ¿Por qué sigo enganchada si sé que no me hace feliz?"
La respuesta no suele estar en la falta de inteligencia, de fuerza de voluntad o de carácter. La respuesta suele estar en cómo funcionan determinados vínculos afectivos y en el impacto que tienen sobre nuestro cerebro y nuestras emociones.
– Nadie se queda porque le guste sufrir
Existe una idea muy extendida que hace mucho daño: pensar que quien permanece en una relación que le hace sufrir lo hace porque quiere.
Nada más lejos de la realidad.
Las personas no permanecen porque disfruten del sufrimiento.
Permanecen porque, poco a poco, han desarrollado un vínculo emocional muy difícil de romper.
Un vínculo en el que conviven el dolor y la esperanza.
La decepción y el recuerdo de cómo era la relación al principio.
El miedo a irse y la ilusión de que algún día todo vuelva a ser como antes.
Y esa mezcla resulta tremendamente poderosa.
– El cerebro también se engancha
Cuando hablamos de dependencia emocional solemos pensar únicamente en sentimientos.
Sin embargo, también existe un importante componente neuropsicológico.
Las relaciones donde el afecto aparece de forma intermitente —hoy cariño, mañana distancia; hoy atención, mañana indiferencia— generan un patrón muy parecido al de otras conductas adictivas.
La incertidumbre mantiene activados los circuitos de recompensa del cerebro.
Cada pequeño gesto de cariño produce un enorme alivio.
Y ese alivio hace que la persona vuelva a tener esperanza.
No se engancha al sufrimiento.
Se engancha a la posibilidad de que vuelva el bienestar.
– Cómo aparece la ansiedad dentro de la relación
Con el tiempo, la ansiedad deja de aparecer solo cuando hay discusiones.
Empieza a formar parte de la propia relación.
Muchas personas viven pendientes de:
• Si hoy estará cariñoso.• Si contestará al mensaje.• Si habrá hecho algo que pueda enfadarle.• Si esta vez la discusión significará el final.
La relación deja de ser un lugar seguro y se convierte en una fuente constante de incertidumbre.
– Lo que ocurre con la autoestima
La autoestima también cambia profundamente.
Al principio la persona confiaba en su criterio.
Con el paso del tiempo empieza a cuestionarse constantemente.
Se pregunta si exige demasiado.
Si debería tener más paciencia.
Si realmente el problema está en ella.
Cada decepción hace que necesite todavía más las pequeñas muestras de afecto que recibe después.
Y poco a poco termina creyendo que quizá no merece algo mejor.
– No es amor. Es dependencia emocional
Aquí aparece una de las mayores confusiones.
Muchas personas interpretan esa necesidad constante de volver como una prueba de amor.
Sin embargo, el amor sano aporta tranquilidad.
La dependencia emocional genera miedo.
Miedo a perder.
Miedo a quedarse sola.
Miedo a no volver a encontrar a nadie.
Miedo a renunciar a la esperanza de que todo cambie.
Y cuando el miedo sostiene una relación durante demasiado tiempo, es fácil confundirlo con amor.
– Consecuencias emocionales: mucho más que tristeza
Vivir durante meses o años en esta dinámica suele tener un importante coste psicológico.
Es frecuente encontrar:
• Ansiedad constante.• Dificultad para concentrarse.• Cambios de humor.• Agotamiento emocional.• Síntomas de depresión, como pérdida de ilusión, apatía o sensación de vacío.
En algunas personas también aparecen determinadas adicciones, utilizadas como una forma de aliviar temporalmente el malestar emocional.
– Señales de que el vínculo puede haberse convertido en dependencia
Algunas señales frecuentes son:
• Sabes que la relación te hace daño, pero no consigues terminarla.• Cuando decides alejarte, la ansiedad aumenta enormemente.• Justificas comportamientos que antes no habrías aceptado.• Sientes que has dejado de reconocerte.• Tu bienestar depende casi por completo de cómo esté la otra persona contigo.
Si te identificas con varias de estas situaciones, probablemente el problema no sea que quieras demasiado. Es posible que el vínculo haya dejado de construirse desde el amor y esté funcionando desde la dependencia.
– El trabajo terapéutico
Salir de una relación de este tipo no consiste únicamente en tomar la decisión de marcharse.
También implica comprender por qué ese vínculo ha llegado a ocupar un lugar tan importante y reconstruir aquello que se ha ido debilitando durante el camino.
Durante el proceso terapéutico suele ser necesario trabajar en:
• Fortalecer la autoestima.• Reducir la ansiedad.• Comprender cómo funciona la dependencia emocional.• Recuperar el propio criterio y la confianza en una misma.• Aprender a diferenciar el amor del miedo a perder.
El objetivo no es solo terminar una relación dañina, sino construir una forma distinta de relacionarse, donde el bienestar no dependa del sufrimiento ni de la incertidumbre.
– El día que dejas de esperar que la otra persona cambie, empieza a cambiar tu vida
Uno de los momentos más importantes en terapia llega cuando la persona comprende algo esencial:
No está enamorada del sufrimiento.
Está atrapada en la esperanza.
La esperanza de que vuelva quien fue al principio.
La esperanza de que, si hace las cosas de otra manera, todo cambiará.
Pero las relaciones sanas no se sostienen sobre la esperanza de que la otra persona sea diferente.
Se sostienen sobre la realidad.
Y cuando empiezas a mirar esa realidad con claridad, recuperas algo que muchas veces llevabas demasiado tiempo perdiendo: la libertad para elegir qué tipo de amor quieres para tu vida.
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Lorena Pidal Roa
Psicóloga colegiada AO 12538 · 25+ años de experiencia
Presidenta del Teléfono de la Esperanza de Gipuzkoa. Más de 10 años de consulta presencial en Irún y San Sebastián. Ahora, sesiones online para toda España.
Los contenidos de este blog son informativos y no sustituyen la valoración ni el tratamiento profesional. Si estás en una situación de crisis, llama al Teléfono de la Esperanza: 717 003 717.
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