Hay personas que desde fuera parecen fuertes, resolutivas y capaces de todo… pero por dentro viven agotadas.
Lo veo constantemente en consulta: personas que cumplen, trabajan, sostienen, ayudan, tiran del carro… y aun así sienten que nunca es suficiente.
No suelen decir “soy autoexigente”.
Suelen decir:
“Estoy cansado/a y no sé por qué”,
“Me cuesta parar”,
“Me exijo más de lo que puedo reconocer”.
La autoexigencia suele ir acompañada de culpa, necesidad de demostrar, perfeccionismo silencioso y desgaste emocional por sostener al entorno.
Frases habituales en consulta:
- “Si no tiro yo, todo se cae.”
- “No quiero preocupar a nadie.”
- “No puedo permitirme parar.”
- “Si aflojo, siento que decepciono.”
Diferentes caminos, misma raíz: sentir que tu valor depende de tu rendimiento.
Un bucle perfecto para el agotamiento emocional invisible, un cansancio que no se soluciona durmiendo.No es físico: es mental y existencial.
En consulta lo veo así:
- Mente acelerada incluso en reposo.
- Irritabilidad o sensibilidad extrema.
- Dificultad para desconectar del trabajo o los deberes.
- Sensación constante de tensión interna.
Tu cuerpo empieza a expresar lo que tú no permites reconocer.
Por qué cuesta tanto parar
Porque parar toca una herida profunda: el miedo a no ser suficiente.
En muchas mujeres aparece como culpa.
En muchos hombres, como miedo a fallar o mostrarse vulnerables.
Pero el origen es el mismo:
la creencia aprendida de que descansar es perder valor.
Señales de que la autoexigencia ya te está rompiendo
- Responsabilidad excesiva (“ya lo hago yo”).
- Comparación constante.
- Falta de disfrute.
- Normalización del estrés.
- Diálogo interno duro y poco compasivo.
- Incapacidad para delegar o pedir ayuda.
No es falta de fortaleza. Es saturación emocional.
Mini–ejercicio práctico para empezar…
La frase que nunca me digo.
Elige una frase y léela cada mañana una semana:
- “Estoy haciendo lo que puedo.”
- “No tengo que poder con todo.”
- “Descansar no me quita valor.”
- “No soy menos por aflojar.”
Es un gesto pequeño, pero es el inicio de un cambio grande en tu diálogo interno.
Si te estás sintiendo al límite, no es que estés fallando. Es que estás sosteniendo más de lo que tu cuerpo y tu mente pueden manejar solos.
La terapia online te permite parar, entender tu historia y reconstruir un estilo de autocuidado más sano.
No estás roto ni rota. Solo estás cansado/a de exigirte más de lo que tu corazón puede sostener



